STORY

Los Zapatos Rojos De Isabel

Capítulo 2 - La niña detrás del escaparate

Treinta años antes, Isabel no tenía abrigo.

Tampoco tenía padre, ni casa segura, ni una madre que pudiera comprarle sueños. Vivía con su tía en una habitación pequeña sobre una lavandería, y cada mañana cruzaba la calle antigua para llevar pan a una vecina enferma.

Fue así como vio por primera vez las zapatillas rojas.

Estaban detrás del escaparate del taller de don Manuel, apoyadas sobre una caja azul. No eran nuevas. Tenían una cinta descosida y el cuero un poco gastado. Pero para Isabel eran las zapatillas más hermosas del mundo.

Cada día se detenía frente al cristal.

Cada día imaginaba que bailaba con ellas sobre un escenario.

Y cada día se marchaba antes de que alguien pudiera burlarse.

Hasta que una tarde, don Manuel abrió la puerta.

"Niña, si las miras más, las vas a gastar con los ojos."

Isabel se puso roja y bajó la cabeza.

"No las voy a tocar, señor."

"¿Te gustan?"

Ella asintió.

"Quiero bailar."

"¿Y por qué no bailas?"

Isabel sonrió con vergüenza.

"Porque las niñas pobres no bailan. Caminan rápido para no molestar."

Don Manuel no dijo nada.

Al día siguiente, cuando Isabel volvió a pasar, las zapatillas ya no estaban en el escaparate. Ella sintió una tristeza absurda. Pensó que alguien las había comprado.

Pero al mirar hacia la puerta, vio a Manuel sentado en una silla, con las zapatillas en las manos.

"Ven", dijo.

Isabel dudó.

"Mi tía dice que no debo aceptar regalos."

"Entonces no es un regalo. Es un préstamo."

"¿Y cuándo se las devuelvo?"

"Cuando ya no las necesites."

La niña las tomó como si fueran de oro.

Esa noche bailó en el patio hasta que se le hicieron ampollas. Bailó con hambre. Bailó con frío. Bailó mientras otros niños se reían. Bailó hasta que una profesora de la academia de la plaza la vio y le preguntó quién la había enseñado.

"Nadie", respondió Isabel.

"Entonces alguien debería hacerlo."

Don Manuel reparó esas zapatillas muchas veces. Nunca cobró. Cuando se rompió la suela, puso el parche. Cuando se soltó la cinta, la cosió. Cuando Isabel quiso renunciar porque no tenía dinero para el concurso regional, él vendió una vieja máquina de coser y le pagó la inscripción.

"Nunca se lo dije", confesó Isabel en el taller, ya adulta.

Manuel bajó la mirada.

"No hacía falta."

"Sí hacía falta."

Ella tocó las zapatillas rojas.

"Porque ese concurso me llevó a Madrid. Madrid me llevó a París. París me llevó a una compañía. Y esa compañía me llevó a construir todo lo que tengo."

Manuel soltó una risa débil.

"Yo solo arreglé unos zapatos."

Isabel negó con la cabeza.

"No. Usted arregló el primer camino que tuve."

El viejo apartó la vista, emocionado.

Pero entonces miró hacia la puerta rota, los papeles de embargo sobre la mesa y las cajas medio llenas de herramientas.

"El edificio ya no era mío", dijo. "Hace años que apenas puedo pagar el alquiler. El nuevo dueño quería convertir esto en una tienda de lujo."

Isabel se puso seria.

"Lo sé."

Manuel levantó la vista.

"¿Cómo lo sabe?"

Ella tardó un segundo en responder.

"Porque el comprador era mi esposo."

← PREV PARTNEXT PART →
12345

More Stories