La Niña Con Su Misma Cara
Capítulo 3 - Dos Conejos, Dos Mentiras
El viejo conejo de Sofia dio la primera respuesta.
Isabella lo había comprado durante el embarazo.
Dos iguales.
Uno para cada bebé.
Después del parto, solo le devolvieron uno.
Le dijeron que la segunda niña no había sobrevivido.
Daniel miró el conejo nuevo de Emma.
“¿De dónde salió?”
Su respuesta llegó demasiado rápido.
“Mi madre me lo dio.”
Margaret.
Daniel sintió frío.
Aquella misma noche fue a verla.
Margaret vivía todavía en la gran casa familiar.
Cuando vio a Daniel entrar con ambos conejos, dejó caer su taza.
“¿Dónde encontraste ese?”
Daniel colocó los juguetes juntos.
“Isabella está viva.”
Margaret se sentó.
No preguntó cómo.
No mostró sorpresa.
Daniel entendió.
“Tú sabías.”
Ella comenzó a llorar.
“Daniel…”
“Tú sabías.”
“Intenté protegerte.”
“¿De qué?”
Margaret guardó silencio.
La verdad comenzó seis años atrás.
La familia Carter controlaba un importante grupo inmobiliario.
El padre de Daniel había dejado acciones futuras para los descendientes biológicos directos.
Si Daniel e Isabella tenían dos hijas, ambas recibirían participación.
Pero Margaret había estado desviando dinero de la compañía durante años para cubrir las deudas de su otro hijo, Richard.
Isabella descubrió irregularidades mientras ayudaba con una auditoría.
Amenazó con contárselo a Daniel.
Margaret entró en pánico.
Cuando Isabella dio a luz, aprovechó la clínica privada controlada por un viejo socio.
Separó a las gemelas.
A Isabella le dijeron que Emma había muerto.
A Daniel le dijeron que Isabella había muerto.
“¿Por qué me dieron a Emma?”
Margaret lloró.
“Porque si te quedabas completamente solo, empezarías a hacer preguntas.”
Daniel retrocedió.
Le habían dado a su propia hija como consuelo por una mujer que seguía viva.
“¿Y Sofia?”
“Isabella salió del hospital con ella.”
“¿Y después?”
“Le hicimos creer que tú no querías verla.”
Daniel cerró los ojos.
“¿Cómo?”
Margaret falsificó cartas.
Bloqueó llamadas.
Envió dinero con mensajes amenazantes.
Isabella terminó creyendo que Daniel sabía lo ocurrido y había elegido a Emma.
Por eso nunca regresó.
Daniel apretó los puños.
“¿Y por qué mi colgante está con Sofia?”
Margaret miró hacia otro lado.
Isabella había colocado el colgante de Daniel alrededor de Sofia cuando era bebé.
Como prueba.
Como recuerdo.
Como algo que algún día pudiera devolverla a su padre.









