STORY

La Sirvienta Que Se Puso Frente A Una Pistola

Capítulo 3 - Las llaves robadas

Sebastián encontró a Lucía preparando una pequeña maleta a la mañana siguiente.

“Te vas.”

“No era una pregunta.”

“No.”

Él aceptó el golpe.

“Antes de que lo hagas, necesito mostrarte algo.”

Lucía suspiró.

“¿Otra prueba?”

“No.”

Le mostró la grabación.

En la imagen, una figura con capucha entraba en el garaje usando una tarjeta y un juego de llaves.

Lucía reconoció inmediatamente el llavero.

“Son las mías.”

“Lo sé.”

“Pero estaban en mi habitación.”

Sebastián la observó.

Lucía levantó la mirada.

“Usted cree que fui yo.”

“No.”

Ella pareció sorprendida.

Sebastián continuó.

“Hace unas horas quizá lo habría considerado. Ahora sé que si quisieras verme muerto, habrías dado un paso atrás anoche.”

Lucía apretó los labios.

“No use eso para justificar lo que hizo.”

“No lo hago.”

Ella miró nuevamente el video.

“¿Qué buscaba esa persona?”

“El mismo automóvil del accidente.”

La policía había devuelto el coche para un análisis privado. Sebastián sospechaba que alguien quería borrar una prueba que todavía no habían identificado.

Lucía recordó algo.

“Ayer entró alguien en mi habitación.”

Sebastián frunció el ceño.

“¿Quién?”

“Su hermana.”

“¿Valeria?”

“Dijo que buscaba una manta que pertenecía a su madre.”

Sebastián sintió un escalofrío.

Valeria sabía de la investigación.

También sabía que Lucía tenía acceso a casi toda la casa.

Era perfecto.

Robar sus llaves.

Usarlas.

Y, si alguien revisaba los registros de entrada, culpar a la criada.

Esa tarde, un técnico revisó nuevamente el vehículo.

Encontró un pequeño dispositivo oculto detrás del sistema de frenado.

No era parte del sabotaje original.

Era un transmisor.

Alguien había estado siguiendo los movimientos de Sebastián desde antes del accidente.

Los datos del dispositivo se enviaban a una cuenta vinculada a una empresa.

La empresa pertenecía a Andrés.

Pero los pagos provenían de otra cuenta.

Valeria.

Sebastián cerró los ojos.

Su propia hermana.

Aun así, Lucía señaló algo que nadie más había notado.

“Si ella quería matarlo, ¿por qué seguir rastreándolo después del accidente?”

Sebastián la miró.

Tenía razón.

Quizá el accidente no tenía como objetivo matarlo.

Quizá querían que sobreviviera.

Débil.

Asustado.

Y dispuesto a ceder el control.

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