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La Sirvienta Que Se Puso Frente A Una Pistola

Capítulo 4 - La familia que necesitaba un inválido

Sebastián convocó una reunión familiar.

No les dijo que podía caminar.

Valeria llegó primero.

Andrés después.

Julián permaneció escondido en una habitación contigua con dos detectives.

Lucía no quería participar.

Sebastián tampoco quiso pedírselo.

Pero ella apareció de todas formas.

“No por usted”, dijo. “Por saber quién usó mis llaves.”

Sebastián asintió.

La reunión comenzó.

Sebastián estaba nuevamente en la silla de ruedas.

Valeria se sentó frente a él.

“Tenemos que hablar del consejo.”

“¿Otra vez?”

“La compañía necesita liderazgo.”

“Todavía soy el presidente.”

“Pero estás enfermo.”

Andrés intervino.

“Hay inversores preocupados.”

Sebastián miró a ambos.

“Curioso.”

Valeria frunció el ceño.

“¿Qué?”

“Desde mi accidente, ustedes dos han intentado transferir control de tres compañías, vender propiedades y cambiar el fideicomiso familiar.”

Andrés se puso tenso.

“Eso es mentira.”

Sebastián sacó el transmisor.

Lo colocó sobre la mesa.

Valeria palideció.

“¿Reconoces esto?”

“No.”

Lucía dio un paso adelante.

“Entonces quizá reconozca mis llaves.”

Valeria la miró con odio.

“Una sirvienta no debería estar aquí.”

Lucía no reaccionó.

Sebastián sí.

“Ella está aquí porque alguien intentó convertirla en culpable de tus actos.”

Valeria se levantó.

“No tienes pruebas.”

Sebastián apoyó las manos en los brazos de la silla.

Y se puso de pie.

Andrés retrocedió.

Valeria quedó inmóvil.

“No puede ser.”

Sebastián caminó alrededor de la mesa.

“Eso es lo que necesitaban, ¿verdad? Que yo pareciera incapaz.”

La expresión de Valeria cambió.

Sebastián continuó.

“No querían matarme en el accidente. Querían lesionarme lo suficiente para que el consejo me retirara.”

Andrés miró la puerta.

Demasiado tarde.

Los detectives entraron.

Valeria empezó a gritar.

“¡Todo esto era nuestro también!”

“No”, respondió Sebastián. “Era una empresa familiar. No una excusa para destruir a tu hermano.”

Andrés trató de culpar a Valeria.

Valeria culpó a Andrés.

En menos de cinco minutos, la alianza comenzó a deshacerse.

La policía encontró después mensajes suficientes para demostrar que ambos habían organizado el sabotaje, el seguimiento y varios intentos de fraude.

Cuando se llevaron a Valeria, ella miró a Lucía.

“Todo esto por una sirvienta.”

Sebastián respondió antes que ella.

“No.”

Miró a Lucía.

“Todo esto porque la única persona a la que ustedes consideraban insignificante resultó ser la única que no me traicionó.”

Lucía bajó la mirada.

Pero no sonrió.

Sebastián todavía tenía una traición propia que reparar.

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