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El Café Que Salvó Al Jefe

Capítulo 4 - La capilla bajo la casa

La mansión Balzac olía a polvo, humedad y secretos.

Sebastián no había entrado allí desde niño. Recordaba los pasillos largos, los cuadros oscuros, la escalera curva donde su padre lo levantaba en brazos. Ahora todo estaba cubierto por sábanas blancas, como si la casa misma hubiera sido amortajada.

Leonardo llegó poco después, furioso.

"¿Qué haces aquí?"

Sebastián no se giró de inmediato.

"Pensé que esta casa era mía también."

"Estamos a horas de venderla."

"No."

Leonardo soltó una risa seca.

"No puedes detener algo que ya está aprobado."

"Sí puedo. Especialmente si intentaste envenenarme para evitar que revisara la propiedad."

El rostro de Leonardo apenas cambió.

Pero Mercedes, que apareció detrás de él, perdió un poco de color.

"Sebastián", dijo ella. "Estás alterado. Ese niño callejero te llenó la cabeza de fantasías."

Sebastián la miró.

"Isabel está viva."

Mercedes dejó de respirar un segundo.

Leonardo apretó la mandíbula.

"Entonces debió quedarse muerta."

No hubo más necesidad de fingir.

Los hombres de seguridad de Sebastián entraron por el pasillo. Su abogado traía una orden judicial para revisar la propiedad, obtenida tras el intento de envenenamiento y la declaración de Rubén, que ya había empezado a hablar.

Bajaron a la antigua capilla.

El altar de piedra seguía allí, cubierto de polvo. En el suelo, bajo una losa marcada con el escudo Balzac, encontraron una cerradura antigua.

El botón dorado de Isabel encajaba como una llave.

Mateo, que había insistido en acompañarlos, abrió los ojos.

"Mi mamá dijo que ese botón era importante."

La losa se movió con un sonido profundo.

Debajo había una pequeña escalera.

Bajaron con linternas.

En el sótano encontraron cajas metálicas, documentos, cintas de video y un diario con la letra de Antonio Balzac.

Sebastián tomó una grabación etiquetada con la fecha del incendio.

La reprodujeron en una pantalla portátil.

Antonio aparecía en la capilla, con el rostro golpeado.

"Si mi hijo Sebastián ve esto, significa que no logré volver. Leonardo y Mercedes robaron a la fundación. Si intentan vender esta casa, es porque buscan borrar las pruebas. Isabel es inocente. Y si ella vive, créanle."

Sebastián sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.

El video continuó.

"Yo no sé si saldré vivo de esta noche. Pero hay algo más: no confíen en el certificado de mi muerte."

Mercedes se sentó en una silla de piedra como si las piernas le fallaran.

Leonardo intentó huir, pero los guardias lo sujetaron.

"¿Dónde está mi padre?", preguntó Sebastián.

Leonardo se rió con odio.

"Tu padre eligió a una criada antes que a su sangre."

Sebastián lo golpeó.

Una sola vez.

Luego volvió a preguntar, con la voz baja:

"¿Dónde está?"

Mercedes rompió a llorar.

"En Santa Aurelia", susurró. "Un sanatorio privado. Tu padre no recordaba nada después del golpe. Leonardo dijo que era mejor así."

Sebastián sintió que el mundo se inclinaba.

Su padre no solo había sobrevivido.

Había sido escondido durante veinte años.

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