El Broche de Victoria

Capítulo 1 - El Nombre Prohibido
Elena apenas alcanzó a ver al hombre antes de que la empujara.
Cayó sobre el frío suelo de mármol.
La falda del uniforme se dobló bajo sus piernas y una de sus manos chocó contra el suelo, pero la otra permaneció levantada, protegiendo instintivamente el pequeño broche que acababa de acomodar sobre el vestido de novia.
"¿Quién te dio permiso para tocar eso?"
Alejandro Valeri estaba de pie frente a ella.
Su rostro, normalmente controlado, mostraba una furia que Elena nunca había visto.
"Solo quería acomodar el broche", respondió ella rápidamente. "Mi madre tenía uno igual."
Alejandro miró la joya.
Una flor de plata con piedras azul verdosas y una pequeña cadena decorativa.
Después soltó una sonrisa incrédula.
"No bromees. Es un broche de nuestra familia."
Elena se levantó.
Tenía los ojos húmedos, pero no apartó la mirada.
"Mi madre se llamaba Victoria Valeri."
El nombre cayó entre ellos como algo que no debía haber sido pronunciado.
Alejandro dejó de sonreír.
Miró primero el broche.
Después a Elena.
La misma línea de la mandíbula.
Los mismos ojos verde grisáceos.
Incluso aquella pequeña inclinación de la cabeza cuando intentaba ocultar el miedo.
Algo que no veía desde hacía más de veinte años.
Se acercó.
"¿Cómo sabes el nombre de mi hermana?"
Elena frunció el ceño.
"Porque era mi madre."
Alejandro retrocedió medio paso.
"No."
"Murió hace cinco años."
"No."
Esta vez su voz salió más baja.
Victoria Valeri no había muerto cinco años atrás.
Según todo lo que Alejandro sabía, su hermana había muerto hacía veintisiete.
En un incendio.
No encontraron el cuerpo completo, pero su padre identificó las joyas recuperadas.
Entre ellas estaba precisamente el broche que ahora llevaba el vestido de novia.
Alejandro volvió a mirar a Elena.
"¿Quién te dijo que Victoria era tu madre?"
"Victoria."
"Eso es imposible."
Elena apretó los labios.
"Entonces quizá debería preguntarle a su familia por qué mi madre pasó toda su vida usando otro apellido."
Alejandro sintió que algo se rompía dentro de él.
La boda empezaría en menos de una hora.
Pero de pronto el vestido, los invitados y la ceremonia dejaron de importar.
Porque una criada acababa de entrar en aquella casa llevando el rostro de una mujer que todos habían enterrado veintisiete años atrás.









