El Broche de Victoria
Capítulo 2 - La Hermana Que Murió Dos Veces
Alejandro llevó a Elena a una habitación privada.
"No quiero problemas", dijo ella inmediatamente. "No sabía que ese broche pertenecía a ustedes."
"Cuéntame sobre tu madre."
Elena dudó.
"¿Para qué?"
"Porque Victoria era mi hermana mayor."
Ella lo observó.
Por primera vez comprendió que él no estaba fingiendo sorpresa.
"Mi madre se llamaba Victoria Ruiz cuando yo era niña."
"¿Ruiz?"
"Era el apellido que usaba."
"¿Te habló de los Valeri?"
"Casi nunca."
Elena recordó algo.
Cuando preguntaba por sus abuelos, Victoria cambiaba de tema.
Cuando preguntaba por su padre, recibía respuestas todavía más vagas.
Solo había una caja que Victoria nunca permitía tocar.
Después de su muerte, Elena la abrió.
Dentro encontró fotografías antiguas.
Una joven Victoria frente a una enorme mansión.
Un niño de unos diez años a su lado.
Y una tarjeta con el apellido:
Valeri.
"¿Tienes esas fotografías?"
"Sí."
Alejandro pidió verlas.
Elena sacó el teléfono.
Había fotografiado casi todo antes de vender las pertenencias de su madre para pagar deudas médicas.
Alejandro pasó las imágenes lentamente.
Se detuvo.
Una fotografía mostraba a Victoria con dieciocho años.
Junto a ella estaba él.
Tenía nueve.
Alejandro se sentó.
"No hay duda."
Elena sintió que le temblaban las piernas.
"Entonces ¿por qué todos creían que murió?"
Alejandro levantó la mirada.
"Hubo un incendio."
Victoria tenía veinte años.
Había discutido violentamente con su padre, Ernesto Valeri.
Después salió de casa.
Horas más tarde, un pequeño apartamento asociado a ella ardió por completo.
La policía encontró restos humanos.
Ernesto se encargó de todo.
Identificación.
Funeral.
Documentos.
Alejandro era demasiado joven para cuestionarlo.
"¿Y el broche?"
Alejandro señaló el vestido.
"Lo encontraron entre los restos."
Elena se quedó inmóvil.
"Eso no puede ser."
"No."
"Mi madre tenía uno."
Alejandro frunció el ceño.
"¿El mismo?"
Elena buscó otra fotografía.
Victoria aparecía ya adulta.
En su pecho había un broche casi idéntico.
Alejandro amplió la imagen.
Entonces vio una diferencia.
La piedra central.
En el broche del vestido era azul.
En el de Victoria, violeta.
Dos piezas.
No una.
Alejandro recordó de pronto algo que su madre había dicho cuando él era niño.
Mandé hacer dos, para mis dos hijas.
Alejandro se puso de pie.
"Victoria no era la única hija."
Elena lo miró.
"¿Qué?"
"La otra murió siendo bebé."
Eso era lo que siempre le dijeron.
Pero ahora Alejandro empezó a sospechar que quizá también aquello era mentira.









