La Esposa Que Fingió Parálisis

Capítulo 1 - La Silla Vacía
La maleta de Gabriel golpeó el suelo junto a la piscina.
Laura se separó inmediatamente del joven que tenía entre los brazos.
Su sonrisa desapareció.
Gabriel miró primero al hombre de camisa blanca.
Después a Laura.
Y finalmente a la silla de ruedas vacía junto a ellos.
“¡Laura! ¿Ahora sí puedes caminar?”
Durante ocho meses, Gabriel había empujado aquella silla.
La había cargado por escaleras.
Había cancelado viajes.
Había dormido en una butaca junto a su cama cuando ella decía que no podía mover las piernas.
Laura reaccionó rápidamente.
Se agarró del brazo del joven y dobló las rodillas.
“Amor, puedo explicarlo…”
Buscó la silla.
“¡No te sientes!”
La mano de Laura quedó suspendida sobre el apoyabrazos.
El joven dio un paso adelante.
“¡Vete! Ella no te quiere.”
Puso una mano contra el pecho de Gabriel.
Gabriel la apartó.
No parecía sorprendido por el amante.
Eso inquietó a Laura más que cualquier grito.
Gabriel señaló la silla.
“La silla lo grabó todo.”
Laura palideció.
Debajo del apoyabrazos, una diminuta cámara seguía funcionando.
“¿Hablaste con el médico?”
La pregunta escapó de sus labios.
Laura se dio cuenta demasiado tarde.
Gabriel levantó la mirada.
Su furia cambió.
Ahora había algo mucho más frío.
“Antes de morir, me dijo qué pusieron en mi medicina.”
El joven, Marco, miró rápidamente hacia la salida.
Laura dejó de fingir debilidad.
Se puso completamente recta.
“Gabriel…”
“¿Qué medicamento?”, preguntó Marco.
Gabriel lo observó.
Aquella pregunta confirmó algo más.
Marco no conocía todo el plan.
Laura sí.
Gabriel metió una mano en el bolsillo de su abrigo.
Sacó un pequeño frasco.
Laura lo reconoció.
Su rostro perdió todo color.
“¿Dónde conseguiste eso?”
“Del doctor Salazar.”
“No puedes creerle. Estaba enfermo.”
“Estaba muriendo.”
Gabriel avanzó.
“Por eso finalmente dejó de tener miedo.”
Laura retrocedió.
Ocho meses antes, no era ella quien había perdido movilidad primero.
Había sido Gabriel.
Después de una cena en aquella misma casa, comenzó a sentir entumecimiento.
Primero en las manos.
Después en las piernas.
Los médicos hablaron de una enfermedad neurológica.
Laura lloró.
Lo cuidó.
Le administró personalmente cada medicamento.
Entonces, cuatro meses después, Gabriel comenzó a mejorar inesperadamente.
No se lo dijo a nadie.
Y cuando descubrió que Laura empezaba a usar una silla de ruedas poco después, comprendió que algo mucho más extraño estaba ocurriendo.
Ella no estaba enferma.
Estaba preparando una historia.
Una historia donde Gabriel sería culpable.









