La Mujer Que Volvió A Caminar
Capítulo 2 - La Enfermedad De Laura
Todo había comenzado ocho meses antes.
Laura cayó por las escaleras de la mansión.
Adrián la encontró inconsciente.
En el hospital, el doctor Ferrer explicó que había sufrido una lesión neurológica grave.
“Puede que nunca vuelva a caminar.”
Adrián reorganizó toda su vida.
Instaló ascensores.
Canceló viajes.
Contrató terapeutas.
Durmió durante semanas en una habitación junto a la de Laura.
Y soportó su creciente amargura.
“Ya no soy una mujer completa”, decía ella.
Adrián siempre respondía:
“Sigues siendo mi esposa.”
Pero cuatro meses después ocurrió algo extraño.
Adrián comenzó a enfermar.
Mareos.
Confusión.
Debilidad muscular.
Pérdidas breves de memoria.
Laura insistió en que estaba trabajando demasiado.
El doctor Ferrer le recetó medicamentos.
Laura se encargaba personalmente de prepararlos.
Adrián empeoró.
Una noche perdió el conocimiento durante una reunión de negocios.
Después de aquello, Laura sugirió algo inesperado.
“Deberíamos darte un descanso de la empresa.”
“Estoy bien.”
“No lo estás.”
“Es temporal.”
Ella lloró.
“¿Y si te ocurre algo?”
Entonces puso delante de él un poder notarial.
Si Adrián quedaba médicamente incapacitado, Laura recibiría autoridad temporal sobre varias cuentas y acciones.
Él no firmó.
Algo en aquella conversación lo inquietó.
Dos días después llevó sus medicamentos a otro laboratorio.
Los resultados cambiaron todo.
Había un sedante que Ferrer jamás había recetado.
Adrián fue directamente a verlo.
El médico se puso pálido.
“Yo no añadí eso.”
“Entonces ¿quién?”
Ferrer miró hacia la puerta.
“No aquí.”
Quedaron en verse al día siguiente.
El doctor nunca llegó.
Su automóvil cayó por un barranco esa misma noche.
La policía habló de accidente.
Adrián no lo creyó.
Horas después recibió un correo programado.
Era de Ferrer.
Solo decía:
Mire la silla. Ella puede caminar. No confíe en nadie que prepare sus medicinas.
Adrián instaló una cámara oculta en el apoyabrazos.
Y fingió no saber nada.
Durante seis semanas vio a su esposa levantarse cada vez que creía estar sola.
Caminar por el dormitorio.
Bajar al jardín.
Encontrarse con Mateo.
Reírse.
Besarse.
Pero la cámara grabó también conversaciones mucho más importantes.
Una noche Laura le dijo a Mateo:
“Cuando Adrián firme, podremos terminar esto.”
Mateo preguntó:
“¿Y si no firma?”
Laura respondió:
“Entonces habrá otra manera.”









